Encontrar tiempo para jugar con tu mascota

Perseguir una pelota arriba y abajo por las escaleras; devolver un Frisbee; jugar al escondite; buscar y traer palitos; jugar al “cógeme si puedes” en el jardín. A los perros les gusta jugar y pasárselo bien, al igual que a las personas. Pero el juego es algo más que diversión. El juego es la manera ideal para que los perros hagan ejercicio y quemen el exceso de calorías. El perro que persigue Frisbees, pelotas, corre, salta o nada habitualmente tiene pocas probabilidades de convertirse en una “bola” con sobrepeso.

Por supuesto, no existe ningún perro que se haya criado para sentarse enfrente del televisor todo el día. La mayoría de razas sienten irrefrenables deseos de practicar deporte: correr, cazar, pastorear o recoger objetos. Pero la mayoría de dueños de mascotas no van a cazar a diario, ni tienen ovejas en su jardín para que su perro pastoree ni posee varias hectáreas para que su perro vigile. “Hemos de hacer salidas con nuestros perros para que puedan gastar energías, porque si no hacen ejercicio, se deprimen y se vuelven perezosos”, afirma Sandy Myers, una experta en comportamiento animal de la Clínica Narnia de comportamiento animal en Naperville, Illinois (USA).

Al igual que usted agradece un poco de ejercicio tras un día de duro trabajo en la oficina, el ejercicio permite liberar el estrés de su perro. “Actualmente los perros, al igual que la mayoría de personas, viven más estresados… están encerrados la mayor parte del día, pasan más tiempo en casa solos debido a los horarios de trabajo de sus dueños, y el juego les permite liberar parte de ese estrés mental y físico que les ha creado el aislamiento”, afirma Sarah Wilson, experta en comportamiento animal y coautora de Patas a tener en cuenta (Warner, 1999).

Para los cachorros, la actividad física los ayuda mentalmente para el adiestramiento de obediencia. “Cuando los cachorros hacen ejercicio, aprenden mejor porque han podido liberar su energía extra, y por tanto, están más atentos y están lo suficientemente tranquilos como para escuchar”, comenta Myers. Además, añade, si no ayudamos al cachorros a canalizar su energía de manera positiva, decidirá por sí mismo cómo gastar esa energía, lo cual significa meterse en líos.

Pero cuando el juego es interactivo, es decir, que tú y tu perro realizáis una actividad juntos, existen otros beneficios además del ejercicio físico. “El juego es la acción básica a partir de la cual el perro y su dueño crean un fuerte y saludable vínculo.”, afirma Myers. “Si no encuentras el tiempo para estar con tu perro de manera que se divierta, la relación entre tu perro y tú se verá afectada.”

Si dedicas cada día tiempo para jugar con tu perro, él estará más seguro de la relación que tiene contigo. “Cuando cumplimos cada día con las expectactivas de juego del perro, aprenderá que cuando vuelves de trabajar o estudiar dispone de 20 ó 30 minutos de juego y los reclamará”, manifestó John Wright, Ph. D., un experto en etología animal y autor de El Perro que querría ser rey (Rodale Press, 1999).

El juego interactivo es también una herramienta útil para ayudar a los perros a aprender su lugar en la familia. Tu eres quien le tira la pelota, le lanza los palos, controla los muñecos y quien inicia la acción. Tu perro se centra en ti y te ve como el responsable. “Tu perro aprende que hay unas reglas para el juego, y que tiene que jugar siguiendo tus reglas”, comenta Wright. “El liderazgo se fija de manera divertida y relajada”.

Mediante el juego, tu perro puede aprender las órdenes de obediencia básicas. Por ejemplo, si tú y tu perro estáis jugando a coger cosas, antes de tirarle la pelota y dejar que la cace, antes debes ordenarle que se siente.

Pero si lo hace al pedírselo tú, entonces es cuando debes lanzarle la pelota. “Tu perro no tan sólo aprende a controlarse y a obedecer cuando está estimulado”, comenta Wilson, “sino que también aprende que la obediencia la reportará cosas buenas”.

Por otra parte, si cuando juegas, permites que sea tu perro el líder y tu le sigues, el juego no ayudará a la relación.

“Si el perro es quien pide siempre que le tires la pelota, quien decide cuándo se pasea y cuando se juega, y escoges juegos del tipo cógeme y cuando coge algún objeto nosotros le perseguimos, el perro está entendiendo que él es el líder y ese tipo de juego no es beneficioso”, afirma Wilson.


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