Mi caballo cojea…

En ocasiones es muy sencillo detectar una cojera, pero algunas veces puede resultar verdaderamente complicado. Aunque lo ideal es siempre contactar con un veterinario, en esta ficha se dan algunas nociones para determinar “de qué pie cojea” nuestro caballo.

Entendemos por cojera el movimiento anormal de una o varias de las extremidades del caballo. Su causa es, por lo general, el dolor, pero también pueden responder a una alteración mecánica.
En ocasiones es muy sencillo determinar dónde está el problema. Este es el caso si, por ejemplo, nuestro animal ha sufrido algún tipo de accidente y presenta una articulación inflamada y caliente, se niega a trabajar y no apoya la extremidad afectada. Pero no siempre resulta tan sencillo.

Algunas veces sólo notamos que el caballo no trabaja como siempre, que se niega a realizar determinados ejercicios o que parece cansarse antes. O incluso nosotros no notamos nada pero algún compañero insiste en que nuestro animal cojea. Lo ideal, en todos los casos, es contactar con un veterinario especialista, pero no está de más saber en qué se basa el veterinario para determinar “de qué pie cojea” un caballo.

En primer lugar hay que realizar una inspección y una palpación con el animal parado para buscar zonas inflamadas o dolorosas. También nos fijaremos en la posición de las extremidades: es frecuente que el caballo “descanse” la extremidad dolorida evitando apoyarla.

Aunque algunas veces es necesario ver al animal montado para evaluar una cojera, lo ideal es observarlo desmontado, sin silla y sin protectores, para poder valorar mejor la simetría de las extremidades y de los aires.

A continuación observaremos el caballo al paso en línea recta y sobre una superficie dura. Hay que evaluarlo de frente, de lado y por detrás. Cuando una extremidad duele, el tiempo de contacto con el suelo es, por lo general, menor, y el arco de movimiento que describe el casco desde que se eleva hasta que vuelve a apoyarse es más pequeño.

Es decir, en el caso de las extremidades anteriores, la mano afectada avanzará menos que la sana, y en el caso de las extremidades posteriores, el pie afectado no se acercará tanto a la mano del mismo lado. En estos casos decimos que el caballo “se deja” la extremidad en cuestión.
Después del paso, realizamos la misma inspección al trote, en línea recta, sobre terreno duro. Para evaluar cojeas de las extremidades anteriores hemos de fijarnos en la cabeza: el caballo intentará apoyar menos peso sobre la extremidad que le duele y, como consecuencia, elevará la cabeza en el momento en que la mano afectada esté en contacto con el suelo.
En el caso de las extremidades posteriores, la detección de cojeras es algo más compleja y requiere más experiencia. No obstante, como norma, podemos decir que la extremidad afectada tiene menos recorrido (cuando vemos al caballo de lado) y que la grupa del lado afectado sube y/o baja más que la del lado sano.

Una vez se ha establecido cuál es la extremidad que origina el problema, hay que determinar qué estructura de la misma es la que está generando el dolor o la alteración mecánica. Para ello es siempre necesario un especialista (veterinario), ya que son muchas las cosas que se han de tener en cuenta y muchas y muy diversas las pruebas que en ocasiones se requieren para llegar un diagnóstico que, por otro lado, no siempre se consigue.

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